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Mendoza desde la vista de un turista.

Mendoza es una de las más lindas ciudades de Argentina, pero no tan reconocida como tal para los turistas y es una pena ya que presenta muchos secretos que hacen que después de visitarla sea difícil de olvidar. Llegando desde Santiago de Chile, cruzando los nevados Andes. Y tener la posibilidad de admirar el Aconcagua que no es algo de todos los días.

Desde Santiago a Mendoza hay 350 kilómetros de distancia, recorrerlo nos llevó aproximadamente 6 horas sin contar diversas paradas que hicimos por el camino.

La ciudad fue creada alrededor del año 1550 justamente con el propósito de ser el establecimiento más cercano al punto de cruce por los Andes, para no tener que hacer todo el viaje de un tirón. Su es gente agradable y tranquila, muy emprendedora y con una gran orientación vocacional al turismo: les encanta enseñar la riqueza de su provincia.

Dependiendo de tu tiempo disponible para visitar, la ciudad ofrece diferentes posibilidades, pero yo no me iría de ella sin haber realizado al menos las siguientes cosas:

Visitar una bodega, y si tu presupuesto y tu tiempo te favorecen, quedarte a comer en ella. Preparan diferentes menús degustación que además de envolverte en la gastronomía argentina, te permite conocer a otros viajeros y también a las personas locales que te explican la tradicional elaboración del vino mendocino.

Visitar viñedos en Mendoza

Acercarse a algún establecimiento donde se elaboran distintos tipos de aceites y degustar las especialidades que proponen con diferentes aromas.

Visitar Villavicencio, que además de ser un bonito pueblo es el lugar donde se encuentra la mayor reserva natural de agua dulce de Argentina y una de las más grandes del mundo. La zona se encuentra a más de tres mil metros sobre el nivel del mar y sus paisajes son fantásticos.
Entre los paisajes podemos encontrar guanacos y otros animales autóctonos.

Si venís en invierno tenés la obligación de subir hasta la estación de esquí más famosa de la zona: Los Penitentes. Aunque no se puede esquiar esquiar, podés dar una vuelta en las telesillas y contemplar de nuevo el paisaje nevado y también tirarte en “culipatín”.

En resumen, visitar Mendoza es ver otra faceta de una Argentina que varias veces se centra en mostrar solo Buenos Aires y algo más.

En el blog también podés ver que hablamos del famoso Puente del Inca, del Cristo Redentor, cuál será el próximo análisis?

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PUENTE DEL INCA

Una de las bellezas más imponentes de Argentina y de Mendoza es indudablemente el «Puente del Inca».

Un fenómeno natural único en Sudamérica, que llamó la atención del mismísimo Charles Darwin  para investigarlo a finales del siglo XIX. Se trata de un puente de hielo petrificado sobre el Río Cuevas. En la zona hay varias fallas geológicas que funcionan como grietas por donde se filtra el agua de lluvia y de deshielo hasta alcanzar una gran profundidad. Por la alta temperatura del subsuelo, se calientan y la presión las devuelve a la superficie como aguas termales conteniendo una buena concentración de sales minerales y óxido de hierro. Por esto mismo todo lo que cubre el agua lo envuelve de ese color anaranjado tan característico. Algunos mendocinos suelen dejar distintos objetos cotidianos sumergidos durante varios días para petrificarlos y luego venderlos como recuerdos en los puestos de la ruta.

¿Cómo se formó el puente? La teoría indica que en la era posglaciar, todo el cauce del río se congeló. Esto produjo, que por causa de distintos aludes y desprendimientos se forme una fina capa de sedimentos y piedras que las propiedades minerales transportadas por el agua se encargaron de cementar formando una especie de puente una vez que el hielo se derritió. Desde épocas precolombinas, los originarios utilizaban esta tierra y el agua a las cual consideraban como medicinal, por ello se le adjudicó su nombre.

A principios del 1900 una compañía inglesa desarrollo el ramal del tren trasandino, una obra de ingeniería innovadora para la época. Puente del Inca fue una de sus estaciones. Con la llegada del ferrocarril, se instaló en 1925, un exclusivo hotel con complejo termal que alojaba a las personalidades más importantes de la alta sociedad. El hotel convivió con los vaivenes de las historia del país hasta que finalmente pasó lo que pasó.

El 15 de agosto de 1965 una tormenta desató un alud, uno de los más fuertes de la historia de Mendoza. Una ola de nieve y escombros sepultaron al hotel causando varias víctimas. De toda la tragedia, sola y milagrosamente se salvó la iglesia, que exceptuando algunos vidrios rotos no sufrió fallas estructurales y aún sigue en pie como prueba fehaciente de los mitos y leyendas que se crearon a su alrededor. Todo fue abandonado, dejando sin más cuidado las ruinas de los baños termales y del tren.

Puente del Inca en la actualidad

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Cristo Redentor

“Se desplomarán primero estas montañas, antes que argentinos y chilenos rompan la paz jurada a los pies del Cristo Redentor”.

Dicha frase se encuentra hoy reproducida al pie del Monumento. Es un fragmento del discurso del obispo de Ancud, Ramón Ángel Jara, dado durante ese día, resume la intención y el simbolismo del monumento.

El Cristo Redentor de Los Andes es una obra realizada por el escultor argentino Mateo Rufino Alonso que fue erigida en el paso de Uspallata, junto en la línea de la frontera argentino-chilena a 3854 msnm, por iniciativa de monseñor Marcolino Benavente, obispo de Cuyo.

Inaugurado el 13 de marzo de 1904, el Cristo Redentor sirvió para conmemorar la superación pacífica de un conflicto por cuestiones de límites que había llevado a ambos países a estar al borde de la guerra.

La obra fue declarada Monumento Histórico Nacional y Patrimonio Cultural de la Nación por el gobierno argentino en 2003.

Placa del monumento.

Ubicación del monumento:

El monumento del Cristo Redentor de Los Andes se levanta en el paso de Uspallata o paso de la Cumbre, llamado así por ser el punto más alto de la travesía entre Mendoza y Santiago de Chile. También denominado paso Iglesia (del lado de Chile) y Bermejo del argentino, por el color dominante de las montañas del lugar. Por supuesto también se lo conoce como paso del Cristo Redentor y dejó de utilizarse como ruta entre ambos países en 1980 al construirse el Paso Internacional Los Libertadores.

El paso es un abra compuesta de dos portezuelos contiguos, entre la ciudad argentina de Uspallata y la chilena de Los Andes. El poblado más cercano es la villa argentina de Las Cuevas (32°48′S 70°01′O) con menos de 20 habitantes permanentes. Las temperaturas invernales llegan a veces a los -30ºC.

Desde Las Cuevas parte un camino sinuoso de 9 km de largo que sube 1 km y conduce hacia el Cristo. Es sólo accesible durante el verano, cuando no nieva. Se trata de un camino de cornisa, escarpado en la roca y grava, en medio del grandioso paisaje de la cordillera, que antiguamente era el camino obligado entre Uspallata y la localidad chilena de Juncal, hasta la construcción del túnel del Cristo Redentor cerca de Las Cuevas. A 50 m de este antiguo camino, sobre la pendiente de un cerro cubierto de abundante material suelto, a 3.854 msnm, rodeado de dos bajos edificios de piedra que alguna vez cobijaron estaciones meteorológicas y empequeñecido por las imponentes montañas, está emplazado el mayor símbolo de confraternidad entre Argentina y Chile.

El acceso por el lado chileno está habilitado para vehículos todoterreno; los automóviles a su propio riesgo. El desvío al Cristo Redentor se encuentra por el lado derecho de la entrada, por el lado chileno del túnel internacional. También puede ser escalado a pie. Se debe llenar formulario en policía internacional en la aduana chilena y pagar el peaje al retorno.

Ubicación geográfica del Cristo Redentor de Los Andes.

Contexto histórico, social, político y cultural:

Durante la segunda mitad del siglo XIX la Argentina y Chile, que en la actualidad comparten unos 4.500 km de frontera, mantuvieron numerosas discusiones sobre cuáles debían ser los lugares de la cordillera de los Andes por donde debía pasar el límite entre los dos países.

Entre 1898 y 1904 ambas naciones incrementaron considerablemente sus armas bélicas: en Chile, donde gobernaba el presidente Federico Errázuriz, compraron un crucero, tres destructores y dos acorazados británicos. En la Argentina, donde el presidente era Julio Argentino Roca, la armada adquirió dos acorazados italianos.

Aunque ambos presidentes se habían reunido en febrero de 1899 para llegar a un acuerdo pacífico, en el inicio del siglo XX, se difundieron en ambos países los rumores de una guerra. Se exageraban incidentes de poca importancia y la prensa alentaba el clima bélico.

Construcción del monumento y sitios donde se exhibió hasta su actualidad:

El Papa León XIII, al iniciarse el siglo XX, dirigió una serie de cartas encíclicas rogando por un mundo de paz y armonía y reclamando una mayor devoción por el Cristo Redentor. Teniendo en cuenta este pedido y preocupado por la posibilidad de un conflicto armado entre Argentina y Chile debido al litigio fronterizo de larga data, el dominico y Obispo de Cuyo, Monseñor Marcolino del Carmelo Benavente, prometió públicamente, en 1900, realizar una colecta para erigir una estatua al Cristo Redentor que recordara el mensaje de paz que Jesús había traído al mundo. La forma que hemos determinado para manifestar la fe y la gratitud es erigir una estatua colosal en la cumbre de los Andes a Cristo Redentor.

Benavente consiguió el bronce de antiguos cañones y le encargó al escultor Mateo Rufino Alonso (nacido en 1878 en la Ciudad de Buenos Aires) que realizara la estatua.

En enero de 1904 comenzó la construcción del monumento. Las partes del Cristo Redentor fueron transportadas por el ferrocarril hasta Las Cuevas y, desde allí, llevadas en mulas hacia la cumbre y depositadas en el sitio en donde se emplazaría el monumento. En esos días se erigió el pedestal y se hicieron las presentaciones de esta obra que ocupó 100 obreros para su construcción. Posteriormente se realizó el descubrimiento de las dos placas que habían sido fundidas por el gobierno argentino en los arsenales del Ejército.

La idea inicial del obispo era colocar la obra sobre el monte Panta, frente al Puente del Inca, en Mendoza, Argentina.

Terminada la efigie, durante un tiempo quedó en exhibición en el patio del Colegio Lacordaire, de la orden dominica, ubicado en Buenos Aires.

Cristo Redentor en el patio del Colegio Lacordaire.

La idea era que el día de la inauguración coincidiera con los 25 años de Pontificado de León XIII, es decir, el 20 de febrero de 1903. Pero una serie de acontecimientos cambiarían la fecha y el destino de la escultura: el 15 de septiembre de 1899 el litigio por la Puna de Atacama quedó resuelto en un encuentro entre Errázuriz y Julio Roca, en el Estrecho de Magallanes, llamado «Abrazo del Estrecho«. Y el 28 de mayo de 1902 ambas repúblicas, en Santiago de Chile, llegaban por fin a una solución pacífica mediante los llamados “Pactos de Mayo”. Se dejó en manos de la Corona Británica decidir por donde pasaría el límite.

Los presidentes Errázuriz y Roca se reúnen en el Estrecho de Magallanes en 1899, en el llamado «Abrazo del Estrecho».

La amistad entre ambos países comenzó entonces a consolidarse y la prensa y la opinión pública contribuyeron ahora a un clima favorable. Finalmente el laudo inglés se produjo el 20 de noviembre de 1902, con una solución que fue acatada por ambos países y no se atenía ni a las pretensiones de la Argentina ni de Chile.

Mientras tanto, en el colegio donde se encontraba en exhibición el Cristo, solía reunirse la Asociación de Madres Cristianas, presidida por la señora Ángela Oliveira Cézar de Costa (1860-1940), nacida en Gualeguaychú (Entre Ríos), pero perteneciente a la aristocracia porteña, quien consideró que, dadas las nuevas circunstancias, sería una buena idea trasladar la estatua al límite mismo de ambos países, en lo más alto de la cordillera de los Andes en caso de que firmaran la paz, como un símbolo de unión entre las dos naciones. Ella había sufrido particularmente la posibilidad de un conflicto bélico pues tenía un hermano general que había estado en la cordillera preparándose para lo que se había considerado una guerra inminente.

Después de presentar su propuesta al Obispo de Cuyo, quien aceptó de buen grado la propuesta, buscó convencer a las autoridades de ambos países.

Gracias a sus influencias (llevaba una muy buena relación con el presidente argentino Julio Argentino Roca) logró que éste visitara el colegio para ver la estatua en una ceremonia a la que también asistió una delegación chilena, y así convenció a los gobiernos de la Argentina y de Chile de su proyecto. Se fijó como día de inauguración el 13 de marzo de 1904.

Ángela comenzó entonces a movilizarse para obtener apoyo y recursos por suscripción pública; y junto con el obispo Benavente gestionó el traslado de la figura a la provincia de Mendoza para ser emplazada en el paso de la Cumbre del Bermejo. Por este paso, en 1817, cruzó hacia Chile, de acuerdo con las órdenes del general José de San Martín, parte del Ejército de los Andes al mando del general Juan Gregorio de Las Heras, con el objetivo de acabar con la dominación española y la reinstauración del gobierno independentista en Chile.

Traslado hacia su ubicación actual:

El Cristo mide casi 7 metros de alto y pesa 4 toneladas. Su pedestal fue proyectado por el ingeniero mendocino Juan Molina Civit a partir de un bosquejo del escultor. La altura del mismo era de 6 metros de alto y fue construido de hormigón y acero laminado para poder soportar los fuertes vientos de la cordillera.

A principios de 1904, fue elegido por el ministerio de Obras Públicas al ingeniero Juan Molina Civit para la dirección de las obras junto con el Ingeniero Conti que se encargó de ejecutarla. El 8 de enero llegaron desde Buenos Aires, unos 60 cajones conteniendo la estatua del Cristo Redentor quienes fueron facturadas por Mateo Alonso.

Luego de llegar este material, fue depositado en los galpones del entonces ferrocarril Gran Oeste Argentino para ser trasladados unos 1200 km hacia la cumbre en los vagones del Trasandino hasta la estación de Las Cuevas (última de las estaciones que tenía el ferrocarril, ya que el túnel sería habilitado en abril de 1910). Desde ese punto las piezas se trasladaron en mula por el camino sinuoso a 3854 msnm, lugar elegido para la colocación del monumento.

Por su parte, los directivos del ferrocarril mendocino donaron gratuitamente este traslado a la cordillera. Mientras tanto, el encargado de negocios de nuestro país, el doctor Alberto Blancas se reunió con el presidente chileno Riesco para coordinar la inauguración y, en un principio se fijó el corte de cintas para los primeros días de marzo de ese año.

Durante el mes de febrero, se iniciaron las obras del pedestal. En el sitio se construyó una gran casucha de madera que protegía a medida que se iban ensamblando las piezas del monumento con el fin de librarlo de los posibles temporales. El escultor Alonso llegó para darle los últimos detalles.

La figura de Jesús se colocó de manera que mira siguiendo la línea del límite, en pie sobre la mitad de un globo terráqueo. Con la mano izquierda sostiene la cruz, de 7 metros de alto, apoyada sobre el hemisferio terrestre, y con la derecha parece impartir la bendición.

Inauguración de la obra:

El sábado 12 de Marzo de 1904 llegó desde Buenos Aires la comitiva oficial encabezada por distintos representantes del gobierno, que luego partió hacia Puente de Inca. Más de 3000 personas acudieron a la inauguración, muchos de los visitantes durmieron en improvisadas carpas y la capacidad hotelera estuvo colmada.

El 13 de Marzo llegaron las delegaciones de Chile y Argentina. Fueron recibidas por una salva de 21 cañonazos.

Se encontraban, entre otros, los Ministros de Relaciones Exteriores de ambos países, los doctores Terry y Silva Cruz; el gobernador de Mendoza, Carlos Galigniana Segura; y el Arzobispo Monseñor Espinoza. La representación militar argentina estuvo formada por la segunda compañía de Cazadores de los Andes y la banda del Batallón N° 10, y por parte de los chilenos, un escuadrón de lanceros.

Se hicieron las presentaciones y se realizó el descubrimiento de las dos placas que habían sido fundidas por el gobierno de Argentina en los arsenales del Ejército.

En un improvisado altar, Monseñor Espinoza ofreció una misa de campaña, y dirigió la palabra el Obispo Jara. Luego se procedió al descubrimiento del monumento. En ese momento, una salva de 21 cañonazos volvió a sonar entre las montañas. De esa manera, finalizó el acto. Las delegaciones pasaron a un galpón, donde se celebró un banquete para 200 invitados.

Inauguración Cristo Redentor de Los Andes en 1904.

Historia e importancia del monumento:

Desde su origen representa la fraternidad de estos dos pueblos vecinos, un reconocimiento al diálogo bilateral desarrollado bajo el amparo de la fe. Y en momentos como el presente, en que Chile y Argentina enfrentan el desafío de llevar a la práctica un serio proceso de integración (dada la salida natural que los puertos chilenos representan para las exportaciones argentinas al Pacífico y a Asia), es que el monumento crece en valor simbólico.

El deseo de que la paz entre los dos países fuese eterna casi se rompe hacia 1978, cuando los gobiernos dictatoriales de Augusto Pinochet, en Chile, y Jorge Rafael Videla, en la Argentina, estuvieron cerca de llevar a los países a una guerra, debido a que no podían ponerse de acuerdo en el denominado Conflicto del Beagle. La posibilidad de dicha guerra se diluyó gracias a la mediación del Papa, en aquel entonces Juan Pablo II, quien había sido consagrado como tal precisamente en ese año. En noviembre de 1984 se firmó el Tratado de paz y amistad entre Chile y Argentina poniendo fin al diferendo.

En 1993 peligraba la estabilidad de la obra debido a que el clima y los movimientos sísmicos habían dañado al terreno. El gobierno mendocino realizó reparaciones tanto al monumento como a los dos únicos edificios cercanos que alguna vez fueron utilizados como estaciones meteorológicas.

El 20 de marzo de 2000 la provincia de Mendoza lo declaró Bien del Patrimonio Cultural de la Provincia de Mendoza y el 4 de diciembre de 2003, la Cámara de Diputados de la Nación Argentina, declaró la obra Monumento Histórico Nacional y Patrimonio Cultural de la Nación.

En el año 2016, la Provincia de Mendoza declaró al turismo como una industria de interés provincial y que resulta prioritaria dentro de las políticas de Estado por su función socioeconómica, estratégica, y esencial para el desarrollo de la Provincia, al crear el Ente Mendoza Turismo. Más de cientos de turistas por día visitan la obra, ya sean extranjeros o nacionales. El monumento del Cristo Redentor de los Andes, es una atracción de gran valor para el turismo local. Siendo uno de los puntos de finalización en un paseo que comienza en la Ciudad de Mendoza, pasando por el dique Potrerillos, el Río Mendoza junto a la majestuosa Cordillera de los Andes, el Valle de Uspallata, el puente histórico de Picheuta, el Puente del Inca, el mirador Aconcagua y las cuevas.

Cristo Redentor en la actualidad.

Historia de su creador:

Mateo Rufino Alonso (Provincia de Buenos Aires, 1878-1955),​ perteneció a la generación de escultores precursores argentinos.

Hijo de un escultor y pintor, viajó a Barcelona para perfeccionar estudios artísticos en 1893 en el Instituto de Bellas Artes de La Lonja con Venancio Vallmitjana. En la exposición en el Salón Castillo, en la Calle Florida de 1902 se lo valoró como el más importante valor escultórico del país, en especial por utilizar materiales considerados insólitos en su época como el yeso y la terracota.

Aparte de su labor artística, Mateo Rufino Alonso trabajo como docente durante muchos años, llegando a jubilarse como profesor de la Escuela Técnica Otto Krause.

Algunas de las obras más sobresalientes que realizó fueron: Busto del General Mitre, Indio moribundo, La poda, El borracho, Monumento al Himno Nacional, Oración a Venus, Centinela de la Patria, y el Cristo Redentor de los Andes, siendo ésta última la más importante de sus obras.

Caricatura de José María Cao Luaces para Caras y Caretas, 1903.

Autora: Natalia Belén Cancela.

Referencias:

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